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El por qué las mujeres distinguen más colores que los hombres

El topo, el blanco roto y el gris marengo posiblemente no figuren en la paleta cromática de la mayoría de los varones, pero sí en las féminas.







La causa es evidente: ellas discriminan colores que no son captados por los receptores cerebrales masculinos. En contraprestación, los hombres perciben mejor los movimientos.

Antes de que la información llegue al cerebro ya existen diferencias notables. Es sabido que el cerebro se encarga de convertir las señales eléctricas procedentes de la retina en imágenes, y que en esta zona del globo ocular hay dos tipos de células fotosensibles, los conos y los bastones.

Retinas diferentes

Los bastones son muy sensibles a la luz, nos permiten ver en la oscuridad, pero tienen una capacidad de saturación muy baja, por lo que no son capaces de distinguir colores. Para eso están los conos, de los cuales hay tres tipos, cada uno de ellos sensible a uno de los colores primarios (rojo, verde y azul).

Si por alguna enfermedad uno de esos conos es disfuncionante, la persona deja de distinguir correctamente ese color. Así, hablamos de protanopia cuando existe ceguera al color rojo; tritanopia si es al azul, o deuteranopia, cuando la ceguera es al color verde.







La funcionalidad de los conos viene dada por un pigmento, S para los conos sensibles al azul, M para el verde y L para el rojo. El primero está codificado en el cromosoma 7, mientras que la síntesis de los dos últimos depende del cromosoma X.

Dado que las mujeres son cromosómicamente XX tienen una «copia de seguridad extra» para poder fabricar correctamente los conos que captan el verde y el rojo. Esto permite explicar por qué el daltonismo es tres veces menos frecuente en las mujeres que en los varones.

La doble copia también permite explicar que existan más posibilidades de que haya una mutación y que no todas las proteínas M y L de los conos sean exactamente iguales.

Se estima que la mitad de las mujeres caucásicas tienen dos tipos diferentes de pigmento L. Esto se traduce en una capacidad mayor para distinguir colores.

Para rizar más el rizo, los científicos aseguran que un 12% de las mujeres tienen un cuarto tipo de cono en la retina, uno más de lo normal.

Esto es un superpoder, ya que estas mujeres –a las que se ha bautizado como cDa29– pueden ver cientos de tonos amarillos y verdes, que al resto de los mortales pasan desapercibidos.

Cuestión de hormonas

También se ha observado que el espectro visible de los varones requiere una longitud de onda un poco más larga para experimentar el mismo tono.

Dado que las longitudes de onda más largas se relacionan con los colores «más cálidos» esto se traduce en que un varón vería un color rojo en donde una mujer discrimina tonos anaranjados, o que la hierba es más verde para las mujeres que para los varones, que la perciben con una tonalidad más amarillenta.

Por otra parte, la percepción visual ha provocado cambios a nivel cerebral, concretamente en la distribución y volumen de receptores androgénicos. Las mujeres tienen mayor número de receptores de testosterona que los varones en la zona cerebral encargada de la visión. A dicho nivel los varones registran niveles más altos de andrógenos.

Durante la embriogénesis, la testosterona juega un papel fundamental en las conexiones que se establecen entre la corteza cerebral visual y el tálamo, lo cual es crucial para el análisis de la percepción del color.

Todo empezó en la prehistoria…

Es muy posible que el origen de todas estas diferencias biológicas arranque en la prehistoria, cuando ellos necesitaban discriminar movimientos rápidos y distancias, como buenos cazadores que eran, mientras que ellas se adaptaron a la recolección de plantas, siendo fundamental los matices cromáticos para este desempeño.



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