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Médicos, al límite: el 80% asegura que el agotamiento no les permite trabajar bien

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Esta semana especialistas en terapia intensiva de distintos lugares del país salieron a pedir «responsabilidad social». Los estudios indican que las mujeres padecen más porque son «más empáticas» y se expresan mejor.

staba pensando en hablar con algún psicólogo porque vengo cargada, con muchas ganas de llorar”, contó textualmente hace unas semanas una bioquímica que hace guardias en un hospital público de Santa Fe. 

Ése es apenas un testimonio entre decenas de casos e historias similares que un grupo de investigadores del Conicet está recopilando para estudiar el bienestar psicológico en los colectivos de salud. Ese equipo está, desde marzo, realizando encuestas de seguimiento del estado mental de personal de salud de toda la Argentina.

Y utilizan esos datos para poner a punto un Plan de Contigencia Psicosocial que ayude a mitigar el creciente estado de estrés y burn out que hoy afrontan médicos, enfermeros, camilleros, administrativos y el resto de los integrantes de los equipos sanitarios.

“Desde hace muchos años conocemos los efectos psicológicos negativos que causan las pandemias. Y también sabemos que el personal de salud conforma un grupo de riesgo especialmente afectado en este tipo de bienestar”, dijo la psicología María Cristina Richaud, investigadora del Conicet y coordinadora del grupo “GPS Salud” que viene trabajando estas temáticas desde hace años.

Al principio de la pandemia armaron un cuestionario online específico, que ya registra más de 2.500 encuestas. Algunas de las conclusiones del grupo sobre los sentimientos del equipo de salud son drásticas, sobre todo la preocupación por contagiar a sus seres queridos: hoy, el 90% de los encuestados coincide con ese sentimiento.

Además, la percepción sobre el empeoramiento paulatino del clima laboral cotidiano está en crecimiento: actualmente el 84,5% de los encuestados reporta eso; e indicadores de  depresión como ‘cansancio’ pasó del 34% (medido en abril) al actual 58% que se identifica con esa expresión.

El 79% de los profesionales afirma que “el cansancio” interfiere en su trabajo de atención médica. Según contó esta profesional, recurrieron a metodologías y tablas homologadas para registrar diversos parámetros ligados al estado de ánimo.

“Usamos una escala reconocida internacionalmente y que va de 0 a 4. En esa tabla en épocas normales el índice de depresión de la media de una población es de 1,4. Pero hoy, en los equipos de salud de Argentina ese índice ya trepa al 2,5. Es alto. Así y todo hay naciones como México (2,7) y Chile (2,9) que están peor.

Y otros que registran datos algo mejores, como Uruguay y Paraguay”. En otras partes del estudio resaltan otros puntos complejos. “Hicimos varias preguntas sobre calidad del sueño y encontramos que el 61% respondió que tiene dificultades para dormirse. También el 59.4% afirmó encontrar difícil permanecer dormido.

El 55% considera que la falta de sueño interfiere con su trabajo y 6 de cada 10 manifiestan preocupación por su dificultades para descansar”. Mes a mes “En general, con los valores de malestar psicológico registramos que, con el paso del tiempo, casi todas las variables van empeorando”, explicó la psicóloga Belén Mesurado, profesora de la Universidad Austral.

Y agregó que: “todos los parámetros relevantes del estudio nos indican que crecen sus preocupaciones y explican que estemos registrando, en general, mayores niveles de ansiedad y de depresión para este grupo”. Un punto interesante que destacó esta investigadora del Conicet es el siguiente: “encontramos que las mujeres están teniendo valores de malestar psicológico significativamente mayores que los varones.

Una posible explicación de este dato es que, aunque las mujeres tengan más resiliencia, también se ha comprado su mayor empatía ante el dolor ajeno y su mejor posibilidad de expresarlo.

En definitiva es posible que haya una mezcla: las mujeres que integran los equipos de salud tienen un mayor nivel de depresión y ansiedad y además pueden expresar mejor esta situación mental”. “Tengo miedo a contagiarme y que me tengan que intubar. Y, lógicamente, temor a la muerte”. Eso escribió en una encuesta un clínico que trabaja en un hospital porteño y para el PAMI. Este temor puntual común que todos sufren se agrava con el transcurrir de las semanas.

“Analizando la situación y los niveles de exposición creemos que el paso del tiempo aporta su efecto”, explicó Richaud. “Y consideramos que, cuando finalmente pase la pandemia, pueden continuar los problemas psicológicos y registraremos muchas situaciones de estrés postraumático.

Es algo que ya hemos visto, por ejemplo, en ex-combatientes de Malvinas que seguían padeciendo consecuencias y malestar mental veinte años después de terminada la guerra. Por eso tenemos que tratar de que el estrés generado por la pandemia no se cronifique”,  concluyó.  

El grupo GPS propuso una serie de intervenciones específicas para contener el malestar médico entre los profesionales del hospital Garrahan. Richaud contó que “trabajando con psicólogos expertos en catástrofes armamos un plan de contigencia psico-social. Sumamos estrategias y técnicas para contener estas situaciones».

Desarrollaron diversos talleres virtuales para hablar sobre las mejores estrategias de afrontamiento para manejar el temor, el estrés y las preocupaciones diarias y que sepan también donde y como buscar apoyo psicológico. También se dieron clases de relajación y de estiramiento. Según Mesurado, “hicimos ese trabajo durante cuatro semanas y luego evaluamos los resultados de las intervenciones. Encontramos que casi todos los valores de la encuesta de bienestar psicológico en el hospital mejoraron, incluyendo los índices de depresión, de ansiedad y de calidad de sueño”.    

Todo el personal de salud, estén o no abocados a Covid-19, están estresando el sistema cerca de los límites. Las mejores pruebas son las cartas y tomas de posición de diversas entidades y organizaciones profesionales, entre las que destacan las de los especialistas en terapia intensiva, que  siente que “estamos perdiendo la batalla contra el coronavirus”, dijo esta semana la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva (SATI). 

No se quedaron atrás profesionales de la Universidad de Buenos Aires y de la Facultad de Medicina de la Universidad de La Plata, que salieron a pedirle a la comunidad que “siga los consejos y medidas sanitarias para hacerle frente a la pandemia”. Y apareció un video de la Sociedad Argentina de Emergencias solicitando a la gente el cumplimiento de las medidas sanitarias. En sentido similar se expidió recientemente el Colegio de Psicoanalistas en declaración pública, donde exhortó a “evitar los mecanismos negacionistas de la situación que generan conductas sociales de enorme riesgo individual y colectivo”.

También recomendaron a las autoridades que comuniquen sin apelar al miedo, sino a la responsabilildad, haciendo hincapié en el cuidado del personal sanitario. “Y ese cuidado también debe ser económico reconociendo debidamente su esfuerzo y el estado de vulnerabilidad en el que se encuentra”.

Por otra parte, los científicos que integran la Red de Modelización de Enfermedades Infecciosas postearon su aporte recordando a las autoridades cuales fueron las medidas “probadas” que funcionaron en otros países.  Mantener la distancia física entre las personas. El uso correcto del barbijo de manera permanente. La higiene de manos. El seguimiento de los casos sospechosos de la enfermedad y de sus contactos para enfatizar el aislamiento.