La ciudad de Mar del Plata sufrió las consecuencias de un fenómeno meteorológico extremo este martes por la tarde. Un diluvio de una intensidad inusual, que concentró su mayor descarga en apenas siete minutos, bastó para colapsar los sistemas de desagüe y transformar las calles en verdaderos ríos.
El temporal, que se extendió por un total de media hora, dejó un saldo de vehículos bajo el agua, viviendas anegadas y sectores comerciales e institucionales completamente aislados por la acumulación hídrica.
El fenómeno avanzó en sentido sur-norte, afectando inicialmente a Miramar antes de descargar su furia sobre «La Feliz».
Las zonas más castigadas fueron los sectores bajos cercanos al puerto y las inmediaciones del faro. Puntos neurálgicos como la intersección de las calles Bermejo y Hernandarias, así como los accesos al Hospital Privado de la Comunidad, quedaron intransitables bajo una masa de agua que superó el nivel de las veredas.
Los registros vecinales en las esquinas de Azcuénaga y Córdoba mostraron cómo el agua comenzaba a filtrar en los domicilios, provocando daños materiales inmediatos.
La voracidad de la tormenta se evidenció en arterias como la Avenida Edison y Vértiz, y en barrios como Playa Grande y Termas Huinco, donde las bocas de tormenta resultaron insuficientes ante el volumen de precipitación acumulada en tan corto período.
En la zona de Dellepiane entre la 37 y la 39, las imágenes de motociclistas circulando por las veredas para evitar ser arrastrados por la corriente graficaron la magnitud del colapso vial en una ciudad que se vio sorprendida por la rapidez del evento.
Pese a que el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) había emitido un alerta amarillo, la violencia de la caída de agua superó las expectativas de muchos ciudadanos.
El organismo advirtió que la inestabilidad climática, con actividad eléctrica y ráfagas de hasta 80 km/h, se mantendrá vigente hasta la mañana de este miércoles.
Con valores acumulados que podrían superar los 65 milímetros en zonas puntuales, las autoridades locales mantienen el monitoreo preventivo, mientras los vecinos de los barrios más afectados inician las tareas de limpieza tras una jornada de angustia.
