Un informe de la consultora Analytica revela que la mora tardía en el sistema financiero ampliado roza el 27% a nivel nacional. El fenómeno impacta con extrema dureza en la región del Norte Grande y en el segmento joven, donde los niveles de irregularidad rozan el 40% debido al deterioro de los ingresos y el empleo.
La vulnerabilidad económica de los hogares argentinos sumó un nuevo y alarmante indicador. De acuerdo con un exhaustivo relevamiento de la consultora Analytica, basado en los registros oficiales de la Central de Deudores del Banco Central de la República Argentina, la irregularidad en la cartera de créditos a las familias escaló al 15,4% dentro del sistema financiero ampliado, el cual contempla tanto a las entidades bancarias tradicionales como a las plataformas fintech y billeteras virtuales.
La dimensión del fenómeno cobra mayor gravedad al analizar la mora tardía, es decir, aquellos compromisos financieros con retrasos superiores a los 90 días. Sobre un universo que roza los 20 millones de deudores en todo el territorio nacional, más de 5,3 millones de personas se encuentran formalmente en una situación de morosidad crónica, lo que equivale a casi un 27% del total de los tomadores de crédito.
La distribución geográfica de este fenómeno expone una profunda asimetría estructural que castiga de manera prioritaria al norte del país y a la región de Cuyo.
El mapa de la morosidad sitúa a San Juan a la cabeza de la irregularidad con una tasa del 36%, seguida muy de cerca por La Rioja, Catamarca y San Luis.
En este complejo escenario, la provincia del Chaco emerge en el quinto puesto a nivel nacional y en el tercer lugar dentro del Norte Grande, quebrando la barrera del 33% de su población endeudada en situación de mora tardía.
Esta realidad regional se replica con características similares en jurisdicciones vecinas como Tucumán, Corrientes, Formosa, Misiones y Salta, consolidando un corredor geográfico donde más de tres de cada diez deudores exhiben severas dificultades para cumplir con sus obligaciones financieras en tiempo y forma.
El análisis de los especialistas desmitifica la idea de que la morosidad responda a una falta de voluntad de pago por parte de los contribuyentes. El economista Ricardo Delgado, director de Analytica, puntualizó que el núcleo de la problemática radica de forma directa en la erosión de los ingresos fijos frente al costo de vida.
Según el especialista, los sectores de ingresos medios y bajos se vieron obligados a recurrir al financiamiento no bancario, como las tarjetas de crédito corporativas, las casas de electrodomésticos y los fideicomisos financieros, con el único propósito de costear gastos corrientes y de consumo básico.
Esta dinámica se vuelve especialmente crítica en la franja joven que va de los 18 a los 30 años, donde la morosidad araña el 40% como consecuencia directa de la precarización laboral, los salarios iniciales deprimidos y la alarmante facilidad de acceso a microcréditos digitales que terminan convirtiéndose en trampas financieras impagables.
En la vereda opuesta, los adultos mayores de 70 años registran los índices de irregularidad más bajos del sistema, manteniéndose por debajo del 15%.
La asimetría del mercado crediticio local no solo se evidencia en el porcentaje de deudores rezagados, sino también en el volumen real de las obligaciones contraídas.
Mientras que la provincia de Formosa registra la mediana de deuda más baja del país con montos promedio cercanos a los 457.000 pesos por persona, el extremo opuesto lo lidera Tierra del Fuego, donde la deuda media supera el 1.100.000 pesos.
Un caso testigo de heterogeneidad económica es Neuquén, una jurisdicción que muestra niveles de morosidad relativamente controlados pero con montos de deuda per cápita sumamente elevados, impulsados por el efecto distorsivo del polo energético de Vaca Muerta, el cual encarece el costo de vida general y obliga a los sectores ajenos a la actividad petrolera a financiarse de manera constante para sostener el acceso a bienes y servicios esenciales.
Ante una crisis de endeudamiento familiar que los analistas universitarios ya ubican por encima de los picos históricos registrados en el año 2009 y durante la reciente emergencia sanitaria, el Centro de Estudios de la Economía Personal y los Pequeños Negocios de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires activó un canal de asistencia técnica y consultoría sin cargo.
A través de un cuerpo de voluntariado profesional, la institución busca proveer herramientas de mitigación para un escenario donde la mora en los hogares escaló casi diez puntos porcentuales.
Los expertos universitarios coinciden en que el abordaje eficiente de una crisis financiera doméstica exige un relevamiento riguroso de las tasas y del Costo Financiero Total de los compromisos asumidos, una estricta discriminación entre consumos básicos y suntuarios, y la búsqueda de refinanciaciones bancarias directas que eviten el usufructo de nuevos créditos para tapar pasivos preexistentes, una práctica que suele agravar el estrangulamiento de la economía familiar.
