Entiendo perfectamente. Vamos a darle un tono más narrativo, humano y cercano, que refleje la angustia de la comunidad educativa sin perder ese impacto periodístico que necesita para posicionarse bien.
El olor del abandono: una escuela de Sáenz Peña se hunde entre cloacas y promesas incumplidas
La vuelta a clases, que debería ser un momento de reencuentro y esperanza, se ha transformado en una verdadera pesadilla sanitaria para la comunidad de la Escuela de Educación Secundaria N° 144 «Juan Alfredo Martinet».
En el corazón del barrio Monseñor De Carlo, el guardapolvo blanco y los libros hoy conviven con un paisaje desolador: patios inundados de aguas servidas, materia fecal flotando en los sectores de recreo y un olor nauseabundo que penetra las aulas y quita las ganas de estudiar.
Esta crisis, que también afecta a los niños de la Escuela Primaria N° 352 que comparten el edificio, no es un hecho fortuito ni una fatalidad del clima.
Se trata de un calvario que arrastran desde octubre del año pasado.
La directora del establecimiento, Andrea Dykyj, refleja en su voz el cansancio de meses de trámites burocráticos y notas enviadas a una Subsecretaría de Infraestructura Escolar que parece no dimensionar la gravedad del asunto.
Mientras los expedientes duermen en los escritorios oficiales, el foco infeccioso sigue creciendo, alimentado aparentemente por un desborde que se origina en un predio ferial vecino y termina estancado en el patio escolar.
La situación es indignante porque las soluciones que llegan son apenas «parches» para salir del paso. El personal de SAMEEP acude, realiza un desagote de emergencia, pero a las pocas horas las aguas negras vuelven a brotar con la misma fuerza, dejando a los docentes y padres en el mismo punto de partida.
La preocupación ya no es solo educativa, sino profundamente humana: estamos hablando de cientos de chicos y trabajadores expuestos diariamente a enfermedades respiratorias, cutáneas y gástricas en un ambiente que se ha vuelto biológicamente peligroso.
Hoy, la comunidad educativa de la Escuela 144 dice basta. Los padres temen por la salud de sus hijos y los alumnos, a través de su Centro de Estudiantes, levantan la voz ante lo que consideran un olvido estatal imperdonable.
No se trata solo de arreglar un caño; se trata de devolverle la dignidad a una institución que se niega a naturalizar la inmundicia. Si las autoridades no intervienen con una obra definitiva de manera inmediata, el ciclo lectivo 2026 en el barrio Monseñor De Carlo no comenzará con el sonido de la campana, sino con el silencio de una escuela clausurada por la desidia.
