La celebración del aniversario de la Revolución de Mayo dejó una postal política cargada de fuertes cruces gestuales, disputas de protocolo y un severo llamado de atención eclesiástico para el Gobierno nacional.
Durante el tradicional Tedeum en la Catedral Metropolitana y las actividades posteriores en el Cabildo, el entorno más cercano al presidente Javier Milei evidenció la profundización de la interna oficialista al aislar de manera marcada a la senadora Patricia Bullrich respecto del resto del gabinete ministerial.
La jornada, planificada originalmente para exhibir cohesión institucional, terminó por exponer públicamente las diferencias de criterio y las batallas por el control del dispositivo político. La tensión interna coincidió, además, con una homilía de fuerte impacto social pronunciada por el arzobispo porteño, monseñor Jorge García Cuerva, quien cuestionó con dureza los efectos del programa económico sobre los sectores más vulnerables.
El gélido trato a Bullrich en la Catedral y la exclusión del Cabildo
Por disposición directa del esquema que lidera la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, la senadora Patricia Bullrich fue sutilmente marginada de la centralidad del acto institucional.
En medio de una disputa interna que parece no tener retorno, la orden oficial fue ubicar a la legisladora en los asientos del fondo de la Catedral Metropolitana, visiblemente distanciada de las principales figuras del Poder Ejecutivo.
Desde el entorno de Bullrich intentaron restarle trascendencia al episodio catalogando las maniobras de manera irónica como conductas propias del colegio secundario, asegurando que la dirigente optó por mantener una postura indiferente y capitalizó el afecto de los militantes que le gritaban consignas presidenciales en las inmediaciones.
El momento de mayor impacto político ocurrió minutos más tarde en el histórico Cabildo de Buenos Aires, donde se impidió el ingreso de la senadora al escenario principal para entonar las estrofas del Himno Nacional.
Desde la Secretaría General de la Presidencia argumentaron que la exclusión obedeció estrictamente a razones de protocolo, una explicación que no logró disipar las lecturas políticas sobre el armado de un gabinete paralelo o VIP diseñado para recortar la influencia de la dirigente.
A pesar del destrato en el Cabildo, a la senadora se le permitió posteriormente salir al balcón de la Casa Rosada antes del inicio de la reunión de ministros.
Santiago Caputo consolida su centralidad en el núcleo de poder
En una contraparada visual y discursiva que reconfigura el mapa de influencias de la gestión, el asesor presidencial Santiago Caputo ratificó su fuerte ascendente en el esquema oficial.
Milei sentó al estratega comunicacional en la primera fila de la ceremonia litúrgica junto al titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem, en un recinto donde la vicepresidenta Victoria Villarruel ya había sido previamente excluida de la organización.
Las imágenes oficiales distribuidas por la Presidencia reforzaron esta línea de poder, dándole un protagonismo inusual al vocero Manuel Adorni en primer plano y omitiendo registros visuales del interior de la Catedral que pudieran comprometer la estética buscada.
Posteriormente, durante el acto en el palco oficial, Caputo mantuvo un perfil más discreto al ubicarse en la tercera fila, captando la atención de los presentes por un sofisticado estilo de vestimenta que evocaba la elegancia de los años veinte.
La evidente centralidad del asesor presidencial en los momentos clave de la jornada funcionó como una ratificación explícita de su rol en la toma de decisiones, justo en un contexto donde los sectores aliados al Gobierno ensayan cuestionamientos a la mesa chica de la Casa Rosada.
El duro mensaje del arzobispo García Cuerva contra la filosofía libertaria
La dimensión política de la jornada patria se completó con la homilía de Jorge García Cuerva, quien pronunció un discurso sumamente crítico frente a la mirada económica del Gobierno nacional.
El arzobispo de Buenos Aires reclamó de manera urgente la protección del Estado para los jubilados, los enfermos, las personas con discapacidad y los trabajadores informales o precarizados, advirtiendo que en una sociedad justa nadie puede ser considerado descartable ni desechable.
Con el fin de evitar que sus palabras fueran utilizadas para profundizar la polarización política, el prelado aclaró que su intención era convocar a la unidad nacional.
Haciendo uso de una metáfora bíblica basada en el pasaje de Cafarnaúm, García Cuerva también apuntó de forma directa contra la violencia digital y los generadores de odio en las plataformas virtuales.
El líder religioso criticó a quienes, cómodamente instalados detrás de una pantalla, hacen terrorismo en las redes sociales para descalificar y difamar al prójimo.
Hacia el cierre de su intervención, el arzobispo interpeló directamente a toda la dirigencia institucional de la Argentina, exigiéndoles que dejen de lado las diferencias personales y demuestren la madurez necesaria para avanzar hacia canales de diálogo, encuentro y reconciliación social.
