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Gobernadores peronistas presionan para que Schiaretti apoye a Alberto

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Los gobernadores peronistas empezaron a ejercer presión sobre su colega Juan Schiaretti para que respalde a Alberto Fernández, después de la reunión que tuvieron en Córdoba el domingo.



Schiaretti fue a verlo al hotel cuando vio al candidato presidencial atacándolo en el diario La Voz Del Interior, donde dijo que no lo necesita y que tiene que explicar si prefiere el país de Macri o el suyo.

El cordobés logró cerrar una tregua pero empezó a sufrir el asedio de sus pares. El primero en criticarlo fue el diputado Sergio Ziliotto, electo gobernador de La Pampa.

«Es necesario que Schiaretti diga qué modelo de país pretende. No hay lugar para los tibios», le pidió, en una entrevista con El Destape Radio. «Que deje de lado las ambigüedades y tome decisiones. No es lo mismo el país que deja Macri que el país que va a surgir el 10 de diciembre».



«No hay lugar para los tibios», le dijo a Schiaretti el pampeano Sergio Ziliotto, que organizará el acto del día de la lealtad el 17 de octubre.

«No se entiende políticamente, ni estratégicamente, más siendo Córdoba una provincia industrializada que necesita un proyecto de país que cuide la producción y el trabajo de los argentinos», remató Ziliotto, quien tiene a cargo nada menos que la organización del acto por el día de la Lealtad junto a Cristina Kirchner.

Sería un virtual cierre de campaña, a 10 días de las elecciones, y participarían la mayoría de los gobernadores peronistas.

Schiaretti es el único que no se quiso sumar y no firmó el compromiso promovido antes de las primarias, antes del acto en el monumento a la bandera.

Su dilema no es fácil de resolver, porque si bien Alberto es el que más chances tiene de ganar en octubre, en las primarias Macri ganó 50 a 30 en Córdoba y si bien podría estrecharse la diferencia en octubre, no será fácil que cambie el ganador.

En Todos se conforman con robarle un diputado a la lista corta del gobernador, que con los números de agosto renovaría los dos que puso en juego, dejarlo con cuatro bancas en diciembre y pedirles sumarlas a un bloque aliado para retomar el diálogo. La presión la empezaron a ejercer los goberandores.