Según el último informe de la consultora Tendencias, siete de cada diez argentinos perdieron poder adquisitivo frente a la inflación, mientras que la mayoría califica de «negativas» las políticas de ajuste de la gestión actual.
Crónica Económica: Un bolsillo que no resiste y un plan que genera grietas sociales
BUENOS AIRES. El optimismo oficialista parece chocar de frente con la realidad de las góndolas y las facturas de servicios. Un reciente relevamiento de la consultora Tendencias ha puesto en números una sensación térmica que se palpa en las calles: el 63,7% de los argentinos manifiesta serias dificultades para cubrir sus gastos básicos, un indicador que revela el desgaste profundo del tejido social bajo el actual esquema económico.
La crisis de ingresos no es solo una percepción, sino una asfixia cotidiana. Dentro de ese universo de argentinos con problemas financieros, un 32,5% reconoce abiertamente que ya no logra cubrir sus necesidades esenciales, mientras que un 31,2% adicional sobrevive con una dificultad extrema.
Este escenario se ve alimentado por una brecha que no deja de ensancharse: el 71,4% de los encuestados asegura que sus ingresos quedaron rezagados frente a la inflación, una dinámica que ha pulverizado el poder de compra en tiempo récord.
El malestar no solo se limita al presente, sino que tiñe de oscuro las expectativas a corto plazo. La incertidumbre le gana la pulseada a la esperanza, ya que el 57,8% de la población cree que su situación económica personal no mejorará en lo inmediato.
En contrapartida, apenas un escaso 21,6% mantiene una visión positiva sobre el rumbo de sus finanzas, evidenciando un escepticismo que empieza a condicionar el humor social.
En cuanto a la responsabilidad política, el informe de Tendencias es tajante. Casi el 69% de los consultados considera que las medidas impulsadas por el Gobierno de Javier Milei y el ministro de Economía, Luis Caputo, afectan de manera negativa su economía doméstica.
Esta percepción de «ajuste sobre el hogar» deja en una posición minoritaria al 24,3% que aún ve con buenos ojos o neutralidad el impacto de las políticas oficiales.
Hoy, la economía ha desplazado a cualquier otra preocupación en la agenda pública. La inflación y la pérdida de ingresos son señaladas por el 76,5% de los ciudadanos como el problema más grave que atraviesa el país.
Con un 89,3% de la sociedad reclamando mejores salarios para sostener niveles de vida mínimos, el plan económico enfrenta su desafío más complejo: demostrar que el sacrificio tiene un horizonte cercano antes de que la tensión social alcance un punto de no retorno.
