Lo que debió ser una conferencia de gestión para intentar «dar vuelta la página» terminó en un naufragio político. El Jefe de Gabinete, Manuel Adorni, protagonizó este miércoles uno de sus momentos más difíciles desde que asumió el cargo, al cruzarse a los gritos con los periodistas que lo consultaron por el uso de un chárter privado a Punta del Este, la adquisición de una propiedad en un country y las sombras que pesan sobre su declaración jurada.
Flanqueado por ministros y la presencia estratégica de Santiago Caputo, pero con ausencias sugestivas como la de Karina Milei, Adorni inició la jornada con un extenso monográfico sobre temas administrativos.
Sin embargo, el blindaje duró poco. La puesta en escena colapsó en cuanto el foco se desplazó de la gestión pública a las sospechas de corrupción y supuestas dádivas que lo rodean.
Del libreto a la furia: «No sos un juez»
Acorralado por las inconsistencias en su patrimonio, Adorni intentó refugiarse en un discurso leído donde aseguró que sus bienes fueron construidos antes de la función pública. No obstante, al abrirse el turno de preguntas, el tono técnico desapareció para dar lugar a la confrontación directa.
«Mi patrimonio lo construí antes de entrar al gobierno; como hay una investigación judicial, no puedo responder sobre aspectos específicos», se atajó inicialmente. Pero la calma se evaporó cuando un cronista le recordó las irregularidades en sus presentaciones oficiales. Visiblemente desencajado, el Jefe de Gabinete disparó: «Apenas sos un periodista, no sos un juez. No podés juzgar en qué gasto yo mi dinero».
El factor Grandio y la sombra de las dádivas
El punto de mayor tensión giró en torno al polémico vuelo privado a Uruguay, en el que Adorni viajó junto a su familia y el periodista de la TV Pública, Marcelo Grandio. Ante la consulta sobre si el viaje representaba un delito de dádivas —dado que Grandio es un contratado del Estado bajo su órbita—, Adorni titubeó y elevó el tono de voz.
«Estoy cansado de decirles que el viaje lo pagué. Parece que hay una confusión entre lo que es una dádiva y cuando uno afronta sus gastos», afirmó, pese a que las facturas de los vuelos no estarían a su nombre.
La contradicción interna del discurso oficial quedó expuesta cuando se le recordó que el propio Grandio había sugerido que el vuelo fue costeado por el Estado. Adorni cerró la discusión con una frase que ya retumba en los pasillos de Balcarce 50: «Yo hago lo que quiero con mi dinero y viajo adonde quiero».
Un cierre abrupto y el rumor de salida
El final de la conferencia fue caótico. Un periodista comparó su situación con la de una funcionaria echada recientemente por la compra de una cafetera, lo que provocó que el Jefe de Gabinete lo interrumpiera para exigirle disculpas públicas por críticas previas en redes sociales. Sin responder sobre el origen de los fondos para el vuelo, Adorni abandonó el estrado visiblemente perturbado.
Mientras el funcionario desmiente su renuncia asegurando que su cargo está «a disposición desde el primer día», el clima interno en el Gobierno es de preocupación.
En los sectores más cercanos al Presidente ya se empieza a cuestionar el costo político de sostener a un vocero que, en lugar de mitigar crisis, parece haberse convertido en el epicentro de una que amenaza con golpear la línea de flotación de la narrativa de austeridad de Javier Milei.
