La cultura nacional enfrenta una de sus jornadas más tristes con la confirmación del fallecimiento de Luis Brandoni. El emblemático actor, figura central del teatro, el cine y la televisión, murió a los 86 años tras haber permanecido internado casi diez días en el Sanatorio Güemes. Su partida deja un vacío irreemplazable en una generación de artistas que definieron la identidad del espectáculo en Argentina.
El origen de este desenlace fatal se remonta al pasado 11 de abril, cuando el intérprete sufrió un accidente doméstico en su hogar. El golpe resultante derivó en un hematoma subdural, una condición crítica consistente en la acumulación de sangre entre el cerebro y su cubierta exterior.
Si bien en los primeros días de hospitalización el productor y amigo personal del actor, Carlos Rottemberg, intentó transmitir cautela y esperanza, el cuadro clínico se volvió irreversible en las últimas 48 horas.
Según relató el propio Rottemberg, el deterioro de la salud de «Beto» fue evidente a partir del miércoles. Aunque inicialmente se esperaba una evolución favorable tras el tratamiento del hematoma, la presión intracraneal y la fragilidad propia de su edad complicaron la recuperación. La vigilia en el sanatorio, compartida con su familia y allegados, culminó esta madrugada con el anuncio que nadie quería dar.
La noticia fue comunicada oficialmente por Multiteatro, la casa teatral que Brandoni habitó hasta sus últimos días. «Con Beto se va el último primer actor de una generación inolvidable», expresaron en un sentido comunicado que destacó su compromiso permanente con la escena nacional.
Al momento del accidente, Brandoni se encontraba plenamente activo, protagonizando junto a Soledad Silveyra la obra ¿Quién es quién?, cuyas funciones debieron ser suspendidas ante la gravedad de su estado.
El adiós de sus colegas no se hizo esperar. «Solita» Silveyra lo despidió con profundo dolor, calificándolo como «el último de los grandes», mientras que desde la Asociación Argentina de Actores y la Secretaría de Cultura de la Nación resaltaron su labor no solo como intérprete extraordinario, sino también como un referente ético y sindical del gremio artístico.
La despedida institucional estará a la altura de su legado: se prevé un velatorio en la Legislatura porteña, donde el público y sus pares podrán rendirle el último aplauso a quien supo retratar como pocos el alma y la idiosincrasia argentina a lo largo de seis décadas de trayectoria.
