La crisis económica y la falta de empleo formal transformaron el mapa laboral en Rosario, convirtiendo a la cadetería en un refugio de supervivencia para miles de personas.
Lo que históricamente se consideró una actividad juvenil o una «changa» para ganar dinero extra, hoy mutó en el sustento principal de profesionales, empleados desplazados del sistema y hasta jubilados que se ven obligados a subirse a una moto o bicicleta para completar ingresos que ya no alcanzan para cubrir la canasta básica.
Nicolás Martínez, secretario general del Sindicato de Trabajadores Cadetes y Repartidores, describe un panorama de profunda precarización agudizado por la irrupción de las plataformas multinacionales.
Con 33 años de edad y media vida recorriendo las calles rosarinas, Martínez advierte que la tecnología, lejos de mejorar las condiciones, consolidó un modelo de «relación laboral encubierta».
Bajo la etiqueta de «colaboradores» o «propios jefes», las aplicaciones evaden responsabilidades patronales, dejando a los repartidores sin aportes jubilatorios, sin obra social y sin cobertura ante los frecuentes accidentes viales.
La situación se vuelve crítica debido a la paradoja del mercado actual: mientras la ciudad se inunda de nuevos repartidores expulsados de otros sectores productivos, el consumo interno cae en picada.
Esta dinámica obliga a los trabajadores a extender sus jornadas hasta las 15 horas diarias para intentar igualar ingresos que hace dos años obtenían en la mitad del tiempo.
Además, el algoritmo de las plataformas ejerce una presión constante que empuja a los cadetes a circular a altas velocidades y omitir normas de tránsito para no ser penalizados con bajas de categoría o menores comisiones.
En Rosario se calcula que operan unos 9 mil repartidores bajo un vacío regulatorio que el gremio busca revertir. Las críticas también apuntan al impacto en el sector gastronómico, donde las aplicaciones imponen tarifas de hasta el 30% a los comercios, monopolizando el mercado y encareciendo el producto final para el usuario, sin que ese margen se traduzca en mejores pagos para quien realiza la entrega.
Frente a la falta de respuesta estatal en la entrega de la personería gremial, los trabajadores impulsaron alternativas como CoopExpress y la primera mutual de cadetes del país, buscando autogestionar beneficios básicos como descuentos en farmacias y convenios médicos.
La lucha sindical hoy se centra en la Justicia y en la presión por una nueva ordenanza municipal que exija a las multinacionales tener una sede física, tributar localmente y registrar a sus trabajadores.
Mientras el debate sobre la reforma laboral continúa en la agenda nacional, en las calles de Rosario la cadetería sigue siendo el termómetro más fiel de una crisis que no distingue edades ni trayectorias previas.
