Colombia atraviesa horas de profunda angustia tras el devastador sismo de gran magnitud que sacudió gran parte del territorio nacional, dejando un saldo preliminar que ya supera las 130 víctimas fatales y más de 570 personas heridas.
La magnitud del desastre ha movilizado a todos los organismos de rescate y a las Fuerzas Armadas, que trabajan contrarreloj en las zonas más afectadas para intentar localizar sobrevivientes entre los escombros de viviendas desplomadas y edificaciones colapsadas.
La catástrofe no solo ha dejado una estela de pérdida de vidas humanas, sino que ha paralizado la infraestructura crítica de la nación.
El reporte oficial confirma daños estructurales severos en cientos de viviendas, bloqueos generalizados en las principales vías intermunicipales debido a deslizamientos de tierra, y el cierre preventivo y operativo de varios aeropuertos fundamentales para la conectividad y el envío de ayuda humanitaria urgente.
La interrupción de los servicios de energía y telecomunicaciones en las zonas epicentrales ha complicado aún más las labores de socorro, dejando a comunidades enteras incomunicadas y en situación de vulnerabilidad extrema.
Las autoridades nacionales han declarado el estado de emergencia para facilitar la llegada de suministros médicos, maquinaria pesada y equipos de búsqueda y rescate, tanto nacionales como internacionales.
El presidente de la República, junto a los gobernadores de los departamentos más afectados, lidera un Puesto de Mando Unificado para coordinar la asistencia social, el refugio temporal para las familias desplazadas y el restablecimiento prioritario de las vías de acceso.
Mientras el país se une en una cadena de solidaridad, la prioridad absoluta sigue siendo la búsqueda y el salvamento, en un escenario donde las réplicas continúan generando incertidumbre en una población que vive uno de los eventos sísmicos más trágicos de su historia reciente.
