El entusiasmo inicial de los mercados mutó en escepticismo durante la cumbre de AmCham. Los empresarios advierten que el ciclo del Presidente entró en una fase de «desgaste» y reclaman un modelo que reactive la obra pública y normalice el consumo bajo un liderazgo «previsible».
BUENOS AIRES. – El clima festivo que solía rodear las presentaciones de Javier Milei ante el poder económico se desvaneció.
En los pasillos del Centro de Convenciones de la Recoleta, donde se desarrolló el encuentro de la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Argentina (AmCham), el consenso fue tan silencioso como contundente: el establishment percibe que el capital político del mandatario comienza a agotarse y ya se analiza un «post-mileismo» de corte institucional.
«Milei ya cumplió»: el diagnóstico del establishment
La frase circuló como un mantra entre los hombres de negocios más influyentes del país. Para gran parte del empresariado, Milei fue el «rompehielos» necesario para instalar un giro capitalista irreversible, pero su figura ahora es vista como un obstáculo para la gestión cotidiana.
«Milei ya cumplió. Entró en una etapa de desgaste inevitable. Ahora necesitamos un recambio que normalice la actividad, que reactive la obra pública y que dé previsibilidad», sentenció un importante referente del sector industrial en estricto off the record.
La definición más filosa que se escuchó en el almuerzo comparó el momento actual con la crisis de 2001: el sector privado busca un «Néstor Kirchner por derecha» que suceda al ajuste de este «Remes Lenicov» libertario. Es decir, alguien que herede las cuentas ordenadas pero que sepa gestionar la política y la inversión estatal.
Patricia Bullrich, la favorita de un salón «incómodo»
En este escenario de búsqueda de alternativas, Patricia Bullrich emergió como la figura con mayor consenso. La ministra de Seguridad fue la más buscada por los CEO, a pesar de que se la vio visiblemente incómoda por la presencia y el protagonismo de otros sectores del gabinete que hoy generan ruidos internos.
El contraste fue evidente. Mientras el ministro de Economía, Luis Caputo, intentaba minimizar el impacto del último dato de inflación (3,4%) con promesas de una mejora en el «segundo semestre» —un discurso que activó malos recuerdos de la era Macri—, los empresarios de sectores que dependen del mercado interno brillaron por su ausencia.
El salón estuvo copado por funcionarios, periodistas y representantes de la energía y la minería, los únicos sectores que hoy logran abstraerse de la recesión.
El freno de mano: Cepo e Infraestructura
A pesar de la expectativa por la liberación de restricciones cambiarias, el «Círculo Rojo» marcó dos límites concretos que impiden el despegue económico:
- La repatriación de dividendos: Las multinacionales siguen sin poder girar utilidades a sus casas matrices, lo que frena nuevas entradas de capital.
- El déficit de infraestructura: En Vaca Muerta y en los proyectos mineros de San Juan (como Los Azules y Vicuña), el diagnóstico es uniforme: sin gasoductos, rutas modernas y líneas de energía costeadas por el Estado o esquemas mixtos, la inversión privada llegará a un techo pronto.
Una postal de escasez
El cierre del evento dejó una imagen simbólica que no pasó desapercibida para los analistas políticos.
La avalancha de los asistentes sobre un buffet austero, compuesto mayormente por verduras y huevos duros, funcionó como la metáfora perfecta del presente económico: un sector privado hambriento de oportunidades en una economía que, por ahora, solo ofrece raciones de ajuste.
El establishment ya no se pregunta si el cambio es necesario, sino quién será el encargado de administrar la «normalidad» una vez que el efecto disruptivo de Milei termine de diluirse.
